Hoy tuve que despertarme temprano para ir al aeropuerto porque viajaba a Guayaquil por trabajo. Me hice un café y salí a la terraza, todavía era obscuro y hacia ese silencioso frío de las madrugadas que me perfumo de una profunda nostalgia que me evoco a mi padre. Cuando mis viejos se separaron el acuerdo fue que un día a la semana el me llevaba de mi casa a la escuela y a la salida igualmente el me retiraba, almorzabamos y me dejaba nuevamente en casa. Exiguamente recuerdo las conversaciones que teníamos, hablábamos de muchas cosas pero sobre todo el me hablaba del amor. Mi madre lo había abandonado porque era un borracho y aunque vivían momentos hermosos, la obscuridad abrumaba y ella no pudo soportarlo. Así como él tampoco pudo soportar el abandono y al año de separados se suicidó. Recuerdo que siempre vino a verme con mucho entusiasmo y con alguna libreta que constantemente solía llevar con él. A veces él me leía cosas que tenía ahí escritas. En esas libretas anotaba frases, poemas, pensamientos, de otros y también suyos, a veces también había algún dibujo. Fueron de las pocas cosas que heredé de mi padre y que me han permitido entender quién era. Antes de salir al aeropuerto, pase por mi biblioteca y decidí llevarme al azar una de esas libretas.
Cuando llegué a Guayaquil fui al centro para tomarme un café antes de ir a la Universidad de las Artes, en donde tenía una reunión para firmar un convenio de colaboración para una investigación que queríamos llevar a cabo acerca de las Venus de Valdivia. Acabé las gestiones sobre el medio día y como mi vuelo salía al final de la tarde, tuve tiempo para dar una vuelta. No soy muy asiduo a esa ciudad, sobre todo porque odio ese calor húmedo agobiante, aunque por suerte hoy no hacía sol. Me di una vuelta por el malecón, que siempre es maravilloso y luego fui al parque Seminario, también llamado el parque de las iguanas, dicen que hay alrededor de 350, pero en realidad quería ir a ver la estatua de Medardo Angel Silva, que sabía que era uno de los poetas favoritas de mi viejo. Me senté un rato al lado del niño poeta, es una escultura en donde está sentado en una banca y pensé que los dos debían haber sido solitarios y que compartían la enfermedad de los poetas genuinos: la timidez. Luego recordé que un amigo me había hablado de un restaurante (el Piave) que quedaba cerca, en donde solía comer con el escritor Velasco Mackenzie, entonces busqué en internet la dirección exacta (Chimborazo y Sucre) y me dirigí hacia allá. Tenía ganas de tomarme una cerveza y rememorar a mi viejo, revisar la libreta de anotaciones, hace mucho tiempo que no las repasaba. Uno nunca deja de tener hambre del amor de su padre y esta era mi manera de imaginarlo, de tenerlo presente. Dicen que cuando el padre muere, el hijo se convierte en su propio padre. Quería sentir la añoranza de lo que nunca sucedió. Sin dificultad encontré el local, era pequeño y la atención me pareció maravillosa. Lo primero que hice fue pedir una Pilsener y sacar la libreta, era morada y en el costado, sobre las hojas, se podían leer escritas las palabras amor y voluntad. Todas las páginas estaban llenas, escritas con esferos de distintos colores y algunas estaban pintadas con acrílicos. Se encontraban llenas de gritos de amor, angustia, desesperación, se denotaba mucha tristeza.. Pedí un escabeche de corvina y otra Pilsener. Era inevitable sentir un sabor agridulce en mi corazón. Se delataba el amor de mi padre, pero también se vislumbraba el desprecio de mi madre. Ya expresaba sus intenciones de quitarse la vida, pero sobre todo estaba llena de expresiones de amor. Seguramente fue muy egoísta, ¿pero acaso no es el amor siempre así? Una de las anotaciones que estaban enmarcada en líneas moradas quedó grabada en mi y decía:
nunca serás un hombre sabio, vaya, ni siquiera un hombre
razonablemente inteligente, pero el amor y tu sangre
te hicieron dar un paso incierto pero necesario, en medio
de la noche, y el amor que guió ese paso te salva.
Cerré la libreta y me fui al aeropuerto. Fue un largo viaje de regreso, no solo por mis sentimientos, sino que además el aeropuerto de Quito estuvo cerrado un par de horas. Cuando llegue tarde en la noche a mi casa, entré al cuarto de mi hijo, lo bese en la frente y luego fui a mi cuarto, me acosté en la cama, bese profundamente a mi mujer y agradecí por todo el amor que tengo.