Estoy sentado en la sala de espera de la salida nacional del aeropuerto Mariscal Sucre. Definitivamente los aeropuertos tienen un encanto especial, propio de los sitios en donde se conglomera mucha gente, hay muchas historias (inclusive pueden ser demasiadas). Sin embargo, toda la gente (o casi toda) que esta aquí espera por lo mismo (un destino), lo cual es un ingrediente muy interesante.
Es un lugar para ver a la gente pasar. Hay gente muy parecida y otra muy distinta, los viajeros frecuentes y el que lo hace solo esporádicamente para vacacionar. Hay el cuencano que se acerca a comprar una cerveza y cautivado por la mujer que lo atiende, vuelve varias veces (patetica y tristemente) a realizar cualquier pregunta sin mucho sentido para poder tener un dialogo, sin embargo sus esfuerzos no son muy fructiferos. Alguna vez me encontre con una novia vestida de blanco, que había salido corriendo antes de celebrarse la boda (no solo pasa en las peliculas: ¿existe una diferencia entre lo que llaman ficción y no ficción?).