No pienso avergonzarme por la redacción de mis anotaciones. Y no me atendré a ningún orden ni sistema. Escribiré aquello que me venga en gana.

Memorias del Subsuelo, F. Dostoievsky

Carta a mi perro que en el campo vive (por Pau Donés)

Una de las cartas que más he leido en mi vida y desde que la descubrí siempre me ha acompañado.



Carta a mi perro que en el campo vive.


Querido Bernardo,

Recuerdo perfectamente aquel día en que llegue a casa quemao de llevar la vida que llevaba. Me senté en la cama: hecho polvo. Creo que pocas veces me había sentido tan podrido como ese día.
Llevaba 25 años haciendo cosas que no me gustaban y de los últimos ocho, cinco en la universidad perdiendo el tiempo y tres en una oficina amargándome la vida. Recuerdo especialmente ese día. Había estado un mes currando como un cabrón. De lunes a sábado. De 9 de la mañana a 10 de la noche. Preparando una puta campaña de marketing para una prestigiosa marca de (...). Un mes dando bandazos. Escuchando a un mamoncete que creía saber mucho de
marketing (porque había salido de una business school con un MBA) y mareándome, porque lo único que era, es un correveidile. Que blanco pero negro. Que corto pero extenso, que se vea pero que no se vea, que si pero que no...

Pues como te decía, me senté en la cama puse un disco de Antonio Vega y me puse a pensar sobre que coño estaba haciendo con mi tiempo. O lo que es lo mismo con mi vida. Saque la calculadora (que guardaba de mi época en la universidad) y empecé a hacer cuentas:

El día tiene 24 horas. Si les resto…

8h que paso durmiendo (jodido porque solo tengo pesadillas pensando en el trabajo)

10h que paso currando (amargao. Harto de pelearme con cualquier cosa que se mueva)

2h para desayunar, comer y cenar.

1 h para ir de casa al trabajo y viceversa

... me quedan sólo 3 horas...

¡Qué desastre! De 24 horas, sólo 3 para mi.

¡La verdad es que me acojoné! Me veía con treinta tacos medio calvo, gordo, ojeroso. Paseando al perro el domingo con principios de ataque al corazón. Casado con una mujer harta de tener marido más que los domingos y en vacaciones.

¡Qué asco de vida!

Ese día lo vi claro. Esa misma vida, ya me había enseñado con que facilidad viene, para luego irse. Así que decidí dejar de mirar al futuro. Vivir el presente (lo que quiere decir intentar aprovechar cada segundo de cada minuto de cada hora de cada día de cada semana de cada mes de cada año de cada…)
¿Qué sentido tenia vivir esperando el fin de semana? ¿O el fin de mes? (Por la pasta, claro) ¿O las vacaciones de verano? ¿O las de invierno? Vivir esperando... ¡Qué coño! Decidí que se había acabado. Que a la vida no había que esperarla. Había que ir a por ella. La vida es preciosa, pero nunca podremos saber si larga o corta.

Pasé cinco años sin un duro. Compartiendo piso con mí hermano. Sin irme de vacaciones a NY (que por aquel entonces estaba muy de moda). Sin salir a cenar con los amigos (la mayoría tenían "buenos" trabajos en importantes firmas). Pero te aseguro que cuando me encontraba con ellos a la hora del café, y les veía las caras, me daba cuenta de lo mucho que había acertado largándome de esa puta oficina. Y viviendo como ahora vivía. Es decir, sin un duro, pero feliz (o por lo menos mucho mas que antes).

Aquel día me quedé frito escuchando "Azul" de Antonio Vega. Dormí como nunca y a la mañana siguiente me levanté, me duché, me vestí, fui a la oficina y me despedí.


Jarabe de Palo