No pienso avergonzarme por la redacción de mis anotaciones. Y no me atendré a ningún orden ni sistema. Escribiré aquello que me venga en gana.

Memorias del Subsuelo, F. Dostoievsky

el cuento de la hormiga

La triste y pequeña hormiga camina lentamente sin un rumbo fijo, había perdido su sentido. Perdida del grupo, acelera el paso, con una innegable ansiedad, que la eleva la suspende en el aire, y lleva toda su imponente parsimonia con una elegancia que no parece propia de una hormiga. En ese ansioso andar por momentos deja de ser una hormiga, una triste e implacable hormiga. Aquella mañana los rayos del sol golpeaban con fuerza el suelo, y se definian las luces y las sombras que marcarian su destino. No podemos olvidar que nuestra hormiga caminaba sin rumbo fijo, no sabía donde estaban las otras hormigas, y de pronto pudo ver en el horizonte un objeto de su atracción. Aunque no sabía bien lo que era, su intuición le fue llevando a enfrentarse con aquello que tenía una fuerza de atracción desconocida hasta entonces. Nunca olvidara aquel encuentro porque nunca había visto algo blanco tan blanco. Lo primero fue darle una vuelta a todo el objeto para descubrir como era y que amenazas nos traía. Visiblemente era un sólido regular límitado por 4 cuadrados iguales, aunque supuso que eran 6, por lo que debería tener también iguales sus tres dimensiones.