No pienso avergonzarme por la redacción de mis anotaciones. Y no me atendré a ningún orden ni sistema. Escribiré aquello que me venga en gana.

Memorias del Subsuelo, F. Dostoievsky

Kierkegaard y nuestra época

A Kierkegaard le hubiese encantado ser crítico de estos tiempos, ya que vivimos en una época que es particularmente irónica. En estos días es cuando más interconectados estamos y a su vez las relaciones humanas son cada vez más distantes. Pienso en el río de gente  que sube todas las mañanas de días laborables rutinariamente a sus oficinas y que lo absurdo no solo radica en esta marea vehicular (¡el progreso!) sino en que la mayoría del espacio esta ocupado por personas que van solas en sus automóviles. A esto le llamo las soledades enlatadas.  Es irónico el disconfort general que genera el tráfico y como lo justificamos por nuestra propia zona de confort individual. Otra de las ironías de nuestra época son los cumpleaños. Ahora la gente ya no tiene que recordar las fechas, sino que el mundo virtual te las dice y te las recuerda. Ahora se reciben muchas más felicitaciones de cumpleaños, pero muchísimas menos de estas felicitaciones son autenticas. Antes las felicitaciones que uno recibía eran porque los amigos, los verdaderos amigos, se habían acordado de ti, te pensaron y anotaron la fecha. Hoy en día ya no hace falta ningún tipo de esfuerzo,  las amistades son cada vez más virtuales y poco a poco vamos perdiendo el espíritu humano que es la esencia de nuestro ser. Sin duda creo que la conexión entre Sócrates y Kierkeegard es muy relevante hoy en día, inclusive es más importante en estos tiempos justamente por la ironía que acarrea para el ser humano la tecnología.

Lo más importante que Kierkegaard aprendió de Sócrates es el concepto de la Ironía. A través de su figura negativa utilizando la Ironía, Sócrates logra cuestionar los conceptos establecidos por las costumbres y las tradiciones de la sociedad, las cuales antes de la irrupción de Sócrates eran completamente tiránicas. En el mundo griego la gente no se cuestionaba individualmente las cosas, sino que lo que establecían las tradiciones y las costumbres era la regla, la verdad objetiva. En cambio Sócrates creyó que el hombre debe lograr la verdad a través de si mismo. La Ironía es una herramienta usada para enfocarse y desarrollar el principio de la libertad subjetiva.  En un sentido uno es subjetivamente libre cuando los actos de uno están basados en las decisiones e inclinaciones de cada uno y no en conformidad con un criterio que viene de afuera, como es el caso con las costumbres y las tradiciones. La ironía permite afirmar la subjetividad de cada individuo.  

Sócrates, por medio de la Ironía logra desarrollar el uso de una figura negativa, a través de la cual cuestiona las creencias y valores tradicionales. Cree que cada individuo con el uso de la razón crítica debe decidir cual es la verdad. Es increíble pensar que el gran revolucionario de la sociedad griega no haya sido un imperio sino un empobrecido viejo que utilizó una sencilla herramienta llamada Ironía. Debido a su forma de pensar la sociedad consideró a Sócrates un arrogante, que decidió actuar por si solo para satisfacer sus deseos. Lo que piensa Sócrates es que el entender como piensa la gente es más importante que entender la naturaleza. Y por eso al igual que en la visión moderna, cada individuo tiene el derecho de dar su aseveración de la verdad. Lo que reconoce la racionalidad de cada individuo como herramienta para conocer y entender la verdad. El sujeto es un elemento constitutivo de la verdad. Y es por eso que la verdad profunda no es la objetiva, sino la subjetiva que se encuentra dentro de uno mismo.  Es así como la revolución socrática le dio validez a lo interior y subjetivo.

La negatividad de Sócrates se hace evidente en la Aporía, termino que hacer referencia a una fase de su mayéutica que busca a través de los diálogos que los otros cuestionen sus conocimientos. La idea no es obtener respuestas, sino generar preguntas que permitan a cada individuo reconocer que las certezas iniciales no existen. El verdadero conocimiento empieza sin conocimiento. Y es por esto que Kierkegaard valora tanto el final negativo de los diálogos a los que conduce la Aporía. Lo que Sócrates buscaba era que las personas pasen de su experiencia inmediata de individuo específico a una verdad universal.  Esto causa una confusión entre la idea o definición propuesta y la experiencia actual del individuo, un conflicto entre lo universal y lo particular. El objetivo de Sócrates es enseñar que los interlocutores han aceptado irreflexivamente ciertas cosas como verdades sin examinarlas cuidadosamente.  Para Kierkegaard todo el punto de Sócrates era la negación y cualquier tema adicional es un absurdo. A diferencia de lo que piensa Hegel, que cada individuo tiene su propia verdad, para Sócrates el bien es algo absoluto y universal, aunque exista un elemento subjetivo en ello.

Sócrates representa la gran revolución del pensamiento que enseña el infinito e irreducible valor de los subjetivo. Los individuos deben encontrar la verdad de la ética en sus interior, ahí radica la importancia del individuo. Sócrates en su revolución introduce una moralidad reflexiva a diferencia de la moral ya establecida. La moralidad reflexiva implica que el individuo conscientemente considera por sí mismo que es lo que está bien, justamente lo opuesto de lo que ocurría en aquellos tiempos en donde simplemente se aceptaba sin crítica la moralidad establecida por la sociedad. Es por esto que Sócrates representa los derechos del individuo, contra la voz de las costumbres y tradiciones establecidas. La  libertad subjetiva establece que hay algo infinito, único e irreducible acerca de cada uno de los individuos, lo cual debe ser respetado.

Sócrates representa el énfasis en el individuo al costo del mundo objetivo.  Según Kierkegaard, lo que Sócrates entendía es que cada individuo debe buscar la verdad dentro de sí mismo, lo que significa darle la espalda al mundo del verdad objetiva el cual incluye la ética tradicional y la religión. Sócrates acepta la verdad y validez de cada individuo pero se niega a aceptarlo dentro de cualquier grupo, ya que cualquiera de ellos quebranta la individualidad de cada uno y reduce a las personas al común denominador. Para Kierkegaard la grandeza de Sócrates radica en que se mantiene escéptico y negativo y se rehúsa a elaborar un argumento que contenga una verdad positiva. En pocas palabras lo que Sócrates nos enseña es que todos somos unos tontos, pero la diferencia es que él lo sabe. Para él es claro que no estamos destinados a tener conocimiento, somos más felices sin el. Hay figuras reales o ficticias (como Sócrates, Fausto y Johannes Climacus) que han dudado ciertos principios fundamentales de su cultura en nombre de la búsqueda de conocimiento, y eso las ha alienado del mundo. El conocimiento es algo peligroso y los que defienden los valores e instituciones tradicionales lo temen.  Sin embargo, hay otra perspectiva respecto a este tema del conocimiento que viene desde la ilustración y es que el conocimiento es poder. El conocimiento es lo que nos separa de los animales, por lo que en nuestra propia esencia humana radica la habilidad de pensar racionalmente y examinar nuestras creencias de una manera crítica. Como diría Sócrates: una vida no examinada no vale la pena vivir”. Debido a que somos capaces de adquirir conocimiento los seres humanos tenemos la habilidad de reformular nuestro entorno natural  para hacerlo más llevadero para la vida humana. Y aunque es cierto que el conocimiento a permitido que muchos grupos de personas mejoren su calidad de vida, también ha sido la causa de muchísimo daño. Es por esto que es importante Kierkeegard hoy en día, para que nos enseñe a ser críticos de quienes somos, de lo que creemos y a aprender a defender nuestra individualidad ante una sociedad que cada día se hace más homogénea.

Uno de los grandes problemas del mundo moderno es que las personas sufren con la falta de sentido en sus vidas. En el mundo moderno, el avance de la ciencia nos ha aclarado racionalmente que los seres humanos somos insignificantes en el universo y que no estamos en el centro del mismo, a diferencia de lo que se creía en el pasado. En el tiempo del mundo Griego, al igual que ahora, la gente conocía, la enfermedad, el sufrimiento y la muerte pero la diferencia es que antes tenían el gran confort de pensar que la tierra era un lugar absolutamente único y especial que Dios creo especialmente para nosotros. En cambio en el mundo actual, gracias al conocimiento que hemos adquirido, nos generamos cuestionamientos acerca de nuestro sentido existencial.  Esta perspectiva moderna nos permite mirar y ser críticos con los eventos diarios de nuestras vidas, el nihilista modernos cree que no hay un verdadero sentido en el mundo y este es algo que interesa a Kierkegaard.

Como vimos anteriormente, la Ironía es un concepto fundamental para Kierkegaard.  A diferencia del mundo Griego, en el mundo moderno la subjetividad es considerada como algo positivo; y es por esto que la Ironía tiene que afirmarse de una manera más radical. En las propias palabras de Kierkegaard Para un nuevo modo de ironía para poder aparecer ahora, tiene que resultar de la afirmación de la subjetividad en una forma aún más alta. Debe ser la subjetividad elevada a la segunda potencia, una subjetividad de subjetividad, que corresponde a la reflexión de la reflexión.  La Ironía aísla a los individuos y socava el conjunto social y como Kierkeegard señala eso sucede ya que la Ironía como herramienta estratégica es una acción que requiere reflexión. El ironista mira y dialoga a la sociedad con un leguaje particular, que a la vez le permite distanciarse de la misma. El ironista moderno es crítico de la sociedad burguesa y disfruta criticarla irónicamente. Con esta disposición y uso de la ironía, esta persona se esta separando del resto. El no se considera parte de la corriente principal, lo que socavaría su individualidad, sino un solitario, un outsider. Para Kierkegaard esta es la única manera de realmente vivir una vida autentica.

Como decía al inicio, creo que en el mundo moderno existen muchas circunstancias que caracterizan a esta época como particularmente Irónica. Sin duda Kierkeegard y su aprendizaje de Sócrates es de mucha importancia en nuestros días, ya que nos enseña a desarrollar un criterio propio y tener una mirada reflexiva de lo que pasa en nuestro entorno. Nuestra época también se caracteriza porque vivimos cambios exponenciales con la tecnología, nunca antes ninguna sociedad había experimentado cambios tan rápidos. Y aunque la tecnología pueda traer muchas ventajas, como todas las cosas, también tiene sus desventajas y lo peligroso es que estás últimas van destruyendo nuestro espíritu humano. La tecnología nos conduce a que seamos cada vez más hormigas y subroguemos nuestra esencia por el bien de un sistema más grande que nosotros. Es por esto que creo que las enseñanzas de Kierkeegard se convierten en vitales en estos días, en donde tenemos que ser capaces de valorar nuestra riqueza como seres humanos y luchar al igual que Sócrates por nuestra individualidad.