No pienso avergonzarme por la redacción de mis anotaciones. Y no me atendré a ningún orden ni sistema. Escribiré aquello que me venga en gana.

Memorias del Subsuelo, F. Dostoievsky

una herida

Lo que más me impresiono fue el sonido de la taza contra el suelo, en ese instante se rompio el tenebroso silencio que imperaba en el ambiente. Fue un impulso, segundos de explosión de una ira encapsulada. Apenas empezó a subir el cafe en la cafetera, senti que su mirada se clavaba en mi. Era evidente que siendo lo detallista que él era, iba a notar mi herida tarde o temprano. Fue suficiente una semana. Su mirada, aquella mirada, era intimidante. Sentía que me desvestia, sus ojos me recorrían de abajo hacia arriba y nuevamente de arriba hacia abajo. Sabía que algo andaba mal, lo intuia. Así que no fue más que ver la herida para confirmar lo que el ya sospechaba, ya lo sabia.