No pienso avergonzarme por la redacción de mis anotaciones. Y no me atendré a ningún orden ni sistema. Escribiré aquello que me venga en gana.

Memorias del Subsuelo, F. Dostoievsky

una cabina de peaje

Hacía más frío de lo usual a esa hora de la mañana, el sol estaba tapado por unas brumosas nubes. Aquel día me había tocado la cabina número 3, que normalmente suele ser la más ocupada, pero aquella mañana habían dispuesto los conos del peaje express de tal manera que llegaban pocos vehículos a mi estación. Entraba una leve brisa por la ventana, pero estaba lo suficientemente abrigada para disfrutar del frío que golpeaba en mi cara. No había pasado todavía una hora desde que empece mi turno a las seis de la mañana, cuando vi por primera vez a aquel hombre del que nunca podría olvidar su rostro. Recuerdo claramente cuando llego despacio y sonriente en aquel auto rojo y viejo. La siguiente sorpresa fue cuando me pregunto como estaba, usualmente en este trabajo nadie me habla. De hecho esa creo que fue una de las razones que intuitivamente me hizo tomar este trabajo. Vivía una epoca caotica en mi vida y necesitaba alejarme de la sociedad, de lo social, necesitaba estar sola. Una tarde que estaba cabreada y triste, bajaba en el bus a mi casa y cuando pasabamos por el peaje vi en aquella cabina a una mujer de mi edad y me pense que aquel era el trabajo ideal, justo lo que necesitaba