Como consumidores de arte visual
nos hemos convertido en lectores muy sofisticados de signos y señales,
capaces de decodificar el significado de complejas composiciones con
facilidad inconsciente.
Nuestros deseos y nuestra propia identidad son moldeados y manipulados por los signos que nos rodean.
El lenguaje tiene además un significado politico inherente. Puede ser usado como instrumento de control. La comunicación posee una jerarquía que se halla profundamente arraigada a nuestras sociedades.