"Cuando Baudelaire sostiene que la más 'alta y filosófica de nuestras facultades es la
imaginación', afirma una verdad que, en otras palabras, puede decirse así: por la
imaginación
-es decir, por nuestra capacidad, inherente a nuestra temporalidad
esencial, para convertir en imágenes la continua avidez de encarnar de
esa misma temporalidad- podemos salir de nosotros mismos,
ir más allá de nosotros al encuentro de nosotros."