"Sigo tan
sediento de absouto como cuando
tenía veinte años, pero la delicada crispación, la delicia ácida y
mordiente del acto creador o de la simple contemplación de la belleza,
no me parecen ya un premio, un acceso a una realidad absoluta y
satisfactoria. Sólo hay una belleza que todavía puede darme ese acceso:
aquella que es un fin y no un medio, y que lo es porque su creador ha
identificado en sí mismo su sentido de la condición humana con su
sentido de la condición de artista."